El terremoto del 3 de marzo de 1985 es recordado por toda una generación como uno de los mayores episodios sísmicos que haya vivido la zona central del país. Ese día domingo, a las 19:47 horas, un temblor de magnitud 7,8 tuvo lugar en la costa de la Región de Valparaíso, entre las localidades de Quintay y Tunquén.


Pero éste se sintió fuertemente desde la Región de Antofagasta a la Región de Los Lagos, siendo percibido con fuerza desde Illapel a Talca. Las zonas más afectadas fueron la ciudad-puerto de San Antonio, donde además se registró una elevación del nivel del mar y daños importantes en viviendas, calles y la zona portuaria, y la zona de Melipilla, cuyas construcciones en adobe resultaron altamente afectadas.


En Santiago, la capital, el terremoto también se sintió con gran intensidad; se presentaron daños en casas y en edificios públicos, algunos de manera profunda; los servicios de luz y agua se cortaron, y se suspendió el inicio del año escolar, programado para el lunes 4 de marzo.


A continuación, recordamos cómo jóvenes, niños y adultos de la época vivieron este episodio, y cómo éste marco sus vidas.
 

Fecha: 03 de marzo 1985

Hora: 7:47pm

Epicentro aproximado: Costa de la Región de Valparaíso, entre Quintay y Tunquén

Magnitud aproximada: 7,8

Zonas afectadas: Las regiones de Valparaíso, la Región Metropolitana y la de O'Higgins

Víctimas: 178 fallecidos y 2575 heridos

testimonios

"Era un domingo en la tarde, estábamos en la casa con mis papás, mi hermano y mi abuelita. Mi papá había justo terminado de apernar un mueble grande a la pared, pensando que podía temblar un día, pero no había cerrado bien las puertas… De pronto, siento que el piso se mueve. Mi mamá estaba en la cocina y salió gritando. Y mi abuelita se desmayó. Fue fuerte... Yo trataba de cerrar las puertas del mueble y se caían los vasos y las copas, y una botella de bebida que se reventó. Nuestra casa no sufrió daños pero escuchamos en la radio Cooperativa que habían zonas en Estación Central que quedaron pa’ la crema. Esa tarde siguió temblando. Nos fuimos a dormir tarde y como a las 12 de la noche hubo una réplica, tan fuerte, más fuerte que el terremoto. Al día siguiente suspendieron las clases, aún no teníamos luz. Pero el martes ya la gente empezó a retomar su vida normal."

Patricia (58 años)

"Vivíamos en un edificio de cuatro pisos, en la esquina de Av. Las Condes con Charles Hamilton. Yo tenía 8 años. Al día siguiente entrábamos a clases. Mi mamá nos estaba cociendo los nombres en las cotonas y útiles, mientras que mi hermano de 5 y yo jugábamos en el patio delantero. Entonces comenzó a temblar y los vecinos empezaron a salir, asustados, de a poco. Algunos salieron en toalla, porque dijeron que los había pillado en el baño. Otros se recriminaban de no haber apagado el gas. Con mi hermano veíamos como si el edificio -supuestamente antitelúrico- se inflara y desinflara... Entonces salió mi mamá, que le tiene pánico a los terremotos, con mi otro hermano del brazo - en ese época de 3 años - y mi papá detrás. "Feña los vidrios....", le gritaba. Ya todos afuera en el patio, como en verdad se pensaba que parte del edificio podía desplomarse o los ventanales caerse, mi papá nos agrupó en medio de Av. Las Condes; otros vecinos nos siguieron (probablemente fue lo más peligroso de todo, no sé cómo nadie nos atropelló)... Y ahí nos pasamos hasta que paró el terremoto... Mi mamá por supuesto rezando a viva voz, como 10 Ave María. Ya cuando había cesado el movimiento unos vecinos llegaron de una cancha de bici-cross que había en calle Estoril, diciendo que los cerros de la cancha se habían partido y agrietados enteros. Todo francamente medio apocalíptico."

Fernando (44 años)

"Yo tenía 23 años. Regresábamos de la playa, bajando del auto con la familia de mi pololo; comienza un fuerte movimiento, nos tomamos todos de los brazos haciendo una especie de círculo, yo además tomada del árbol; la pandereta del medianero con el vecino ondeaba como una bandera. Al lado se oía un cumpleaños de niños que generó aún más incertidumbre, llegando a un punto del pensamiento de entrega y resignación... pasó poco a poco. La incertidumbre mayor era que con mi familia estábamos todos en distintos lugares: mi hermano en casa, mi hermana con su pololo, y mis padres pescando en el lago Rapel, llevándose lo más fuerte y aterrador ya que se encontraban en un talud de piedra y contención que se fue desmoronando; subían un paso y bajaban dos. Llegaron con mucho esfuerzo a la base del terraplén donde el pavimento comenzó a agrietarse... hasta llegar a tierra firme. Nos reencontramos todos en casa. Creo que lo más terrible es estar separados de tu familia directa."

Patricia (55 años)

recortes de prensa

© 2019 ARCHIVO DESASTRE

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