[Opinión] Junio en el norte grande: los tipos de terremotos que no debemos olvidar

 

Junio es un mes sismológicamente muy particular; por un lado, durante este período en 1960, ocurrieron gran parte de las réplicas más fuertes del megaterremoto de Valdivia y, por el otro, los otros sismos de gran magnitud que han ocurrido en Chile durante este mes han sido única y coincidentemente en el norte de nuestro país. Aún más, a excepción del terremoto de Copiapó de 1909, todos los demás han ocurrido en el norte grande: en la frontera Chile-Bolivia el 13 de junio de 1959 (M7.5), en la frontera Chile-Argentina el 17 de Junio de 1971 (M7.0) y, coincidentemente, el 13 de junio de 2005 en Tarapacá (M7.9). Pero más allá de las fechas, estos eventos resultan importantes de recordar ya, más allá de su gran magnitud, causaron gran devastación debido a un factor en común: su naturaleza.

 

Junto al gran daño producido por estos sismos, hay un factor relevante que los caracteriza: su profundidad, que a la larga define la naturaleza de estos eventos y nos recuerda, de paso, que nuestro país está afecto no sólo a uno, sino que a una diversidad de distintos tipos de terremotos. Yendo al grano, estos eventos ocurrieron a una profundidad cercana a 100 km bajo el continente, a diferencia de los terremotos interplaca (Valdivia 1960, Maule 2010, entre otros) que ocurren a unos 30 km de profundidad frente a la costa. La profundidad permite indicar que estos terremotos habrían ocurrido al interior de la placa de Nazca una vez ya subductada, y no en el contacto entre las placas de Nazca y Sudamericana como los típicos grandes terremotos, dejando en claro la diferencia en su naturaleza. Estos tipos de terremotos, entonces, son llamados “intraplaca de profundidad intermedia” y típicamente presentan niveles de destrucción muy grandes, como lo que vimos en los poblados al interior de Tarapacá en el 2005, en Punitaqui en 1997 o en Chillán en 1939, este último llegando a ser incluso el terremoto más mortífero de nuestro país (por sobre el terremoto de Valdivia de 1960).

 

Sismos como estos pueden ocurrir no solo en el norte, sino que a lo largo de todo el territorio chileno, y ocurren precisamente donde se emplazan ciudades de nuestro país muy importantes, como Calama, Santiago, Temuco o Rancagua. Pero como no todo puede ser tan malo, lo “favorable” de este tipo de sismos es que no son generadores de tsunamis, así que no representan mayor peligro para las costas chilenas; de este modo, el oportuno conocimiento de los parámetros sismológicos de un terremoto de este tipo permite descartar rápidamente su potencial ocurrencia y facilita la toma de decisiones de las autoridades frente a las emergencias.

 

En definitiva, este tipo de sismos es un gran desafío en la actualidad porque es poco lo que sabemos sobre ellos -en comparación a su símil del contacto interplaca. ¿Qué tan grandes pueden llegar a ser estos terremotos? o ¿Tienen algún tipo de recurrencia? Esas son algunas de las interrogantes que se discuten hoy. Lo cierto es que, querámoslo o no, ellos seguirán ocurriendo con sus características tan peculiares, y nuestra misión, por ahora, es estar preparados y, por sobre todo, no olvidarnos de su existencia.

 

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