[Opinión] Lecciones sobre los terremotos de 1960: por qué nunca hay que bajar la guardia

 

Los terremotos de mayo de 1960 fueron y siguen siendo una secuencia de mucho interés para los geocientistas de la época e incluso de hoy. Hay muchas interrogantes en torno a ellos, algunas ya aclaradas y otras no tanto. Lo cierto es que el gran terremoto de Valdivia de 1960 Mw 9.5 fue precedido por una secuencia de sismos de gran magnitud que inició el día anterior con un temblor de magnitud cercana a 8 en la Península de Arauco, y donde destaca también un sismo de magnitud entre 7.5 y 8 en la misma área, ocurrido unos 15 minutos antes del gran terremoto.

 

Durante el primer terremoto, la placa de Nazca deslizó un par de metros respecto a la placa Sudamericana en un área de 120 km de largo, aproximadamente del mismo tamaño de la provincia de Arauco; posteriormente vinieron las réplicas, asociadas a la perturbación del entorno debido a este primer sismo. Aquí es donde inicia un proceso de gran interés científico y que aún sigue en discusión. Las réplicas tuvieron un comportamiento atípico, y es en la parte Sur del área de ruptura del primer sismo donde comienza a propagarse la ruptura del megaterremoto de Valdivia, desde ahí hacia el Sur, hasta la Península de Taitao, frente a la actual región de Aysén, cubriendo un área de cerca de 1000 km de largo. El terremoto no se inicia​ en Valdivia, sino que más al Norte, pero los máximos deslizamientos de placas ocurrieron prácticamente frente a esta ciudad; eso explica por qué toda esa zona quedó tan devastada y nos recuerda que los mayores daños no ocurren necesariamente donde se origina el sismo, sino que dependen fuertemente de dónde haya mayor deslizamiento de placas durante éste. Esto, sumado a que las condiciones del suelo en Valdivia y alrededores amplificaban el daño, generó la gran destrucción en esta área.

 

De todo lo anterior, hay algo que es muy cierto y que debemos tenerlo presente siempre: después de un gran terremoto sí puede ocurrir un terremoto más fuerte, al contrario de lo que se cree popularmente. En este caso, el terremoto del 21 de mayo despertó la preocupación y mantuvo en alerta a la población, lo que podría haber ayudado a evitar algunas muertes durante el megaterremoto posterior, ocurrido apenas un día después. Casos como éste se han vuelto a producir: el año 2014 vimos cómo el terremoto de Iquique Mw 8.2 fue precedido de un sismo Mw 6.7 y una intensa actividad sísmica. Algo similar se observó también en 2017 en la zona de Valparaíso, donde el terremoto Mw 6.9 fue precedido por sismos de magnitud cercana a 6, así como una alta tasa de sismicidad diaria. Estudios posteriores han propuesto que estos casos tienen asociados un “sismo lento”, donde la placa desliza silenciosamente, generando una intensa actividad sísmica. Quizás la secuencia de terremotos de 1960 fue acompañada de un sismo lento; lamentablemente, los datos y técnicas actuales no permiten corroborarlo. Lo que sí podemos decir, es que no debemos esperar un fuerte remezón para estar alertas y prepararnos, o más aún, no debemos bajar jamás la guardia, incluso si un fuerte temblor acaba de ocurrir.

 

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