La ciudad de Concepción ha sido afectada por numerosos terremotos y maremotos a lo largo de su historia. Uno de los más antiguos y, sin embargo, todavía recordado es el terremoto y posterior maremoto del 15 marzo de 1657. Según se calcula, el episodio sísmico -que se produjo hacia las 19:30 horas- habría tendido una magnitud ~8, con epicentro en la costa de la actual Región del Bío-Bío, frente a Cobquecura y a unos 100 kms al norte de la bahía de la Concepción. Ésta, último enclave español en territorio Mapuche y que contaba con unos 20 mil habitantes, fue duramente afectada por el terremoto y posterior maremoto que azotó la zona y que destruyó casas, iglesias, colegios y otros edificios de uso público, según lo relata el historiador Francisco Encina (1940):

"En esta extensa región, asolada poco antes por los indios, no quedaba más ciudad que Concepción. La sacudida derribó los templos y las casas, que al caer aplastaron a algunos de sus habitantes: Los víveres y los haberes de los pobladores se habrían podido salvar en parte si no hubieran seguido al remezón tres salidas consecutivas del mar [...] El maremoto se repitió por dos veces más, en medio de fuertes remezones que se sucedían con cortos intervalos".

La crónica del historiador y sacerdote jesuita Miguel de Olivares (1713-1786) -recopilada y publicada por Diego Barros Arana en 1874- constituye hoy un documento clave para entender la dimensión de este suceso, las reacciones de la población, y el destino de la ciudad. Después de haber presenciado el terremoto, el padre de Olivares destaca no sólo la fuerza del sismo, sino también la destrucción masiva de las construcciones de la ciudad debido al movimiento de tierra; a esto, se sumaría una serie de furiosas olas que habrían llegado hasta la misma plaza, revolviendo lo poco que quedaba en pie, y llevando consigo "mesas, camas, sillas, ropa, vestidos i arcas" sin que nadie "procurarse salvar más que la vida". Los locales habrían buscado refugio en los montes aledaños a la bahía quedando, sin embargo, expuestos al ataque de los pueblos indígenas, habitantes originarios de aquel territorio. Se trata así de una tragedia de grandes proporciones, que arrebató vidas, hogares y bienes, y que expuso a la población local a múltiples y diversos peligros.

 

Para recordar este episodio, compartimos la bella y trágica descripción del terremoto de 1657 realizada por el padre de Olivares, quien busca, además, aventurar alguna explicación religiosa para tales terribles eventos:

ficha resumen

Fecha: 15 de marzo 1657

Hora: 7:30pm

Epicentro aproximado: En la costa, frente a Cobquecura, en el límite entre las actuales regiones del Maule y del Bío-Bío

Magnitud aproximada: 8

Zonas afectadas: zona centro-sur del Reino de Chile

Víctimas: sin información

para saber más

LIBROS
  • Diego Barros Arana; Historia general de Chile. Tomo V, Editorial Universitaria y Centro de Investigaciones Barros Arana, 2da. edición (2000). Disponible aquí.
  • Carlos Lanza; Catástrofes de Chile. Álbum de prensa de antaño. RIL Editores (2012)
  • Alfredo Palacios; Fuentes para la historia sísmica de Chile, ediciones del Centro de Investigaciones Diego Barros Arana (2016). 
  • Mauricio Onetto; Temblores de tierra en el Jardín del Edénediciones del Centro de Investigaciones Diego Barros Arana (2017). 

crónicas y extractos de relatos

“Conociendo Dios que las plagas i castigos con que S.M. les había querido correjir i enmendar, como fueron la peste i la guerra tan cruel, no habían surtido el efecto a que su divina providencia los ordenaba, pues lo que les había de servir para la corrección i enmienda era causa de la mayor libertad i disolución, el día 15 de marzo de 1657, dos años después del alzamiento, a las ocho de la noche, les envió su divina justicia un aviso o recuerdo en el azote i castigo mayor que ha experimentado la ciudad de la Concepción. Fue un terremoto o conmoción de tierra tan horrible, que a los primeros vaivenes dio con todas las iglesias de la ciudad en tierra, con casi todas las casas de los vecinos i las que quedaron en pie, quedaron tan maltratadas, que sin reparo no se podían habitar. Mas esto no fue lo más, que ha pasado el susto de aquel temblor, aunque había habido muchas pérdidas, se consolaban con lo que les había dejado la fuerza del temblor, i la esperanza de reparar sus casas, cuando dos horas después, a las diez de la noche, habiéndose retirado el mar, volvió después con tanta furia e ímpetu, i bramando saltó los márjenes inundando i arrasando cuanto había quedado en pie, todo lo que alcanzó su furia que fue hasta la misma plaza [...] Quitó a muchos la vida, que no pudo su dilijencia librarlos de ser anegados de las furiosas olas. Toda la hacienda i ajuar de las casas andaba nadando por aquel mar sin marjénes. Las mesas, camas, sillas, ropa, vestidos i arcas, todo fue despojo de las olas, sin que nadie procurarse salvar más que la vida, huyendo el que podía a los montes donde se acojieron, no sin temor de los enemigos que tenían de fuera. ¡Qué noche tan triste, tremenda i horrorosa seria aquella para Penco! ¡Qué lágrimas, gritos i lamentos no se oían de los que se anegaban o sepultaban en aquellas ruinas, i de los que queriéndose escapar, los alcanzaba la ola que corría más que su embarazoso temor! En fin, fue una noche de la mayor tribulación, cual nunca había experimentado aquella aflijida población, habiendo hecho liga dos elementos tan poderosos, como son tierra i agua para combatirla por mar i tierra, por ver si la podían rendir al verdadero dominio de su lejítimo Señor, de quien parece que andaban mui apartados, sin el debido reconocimiento, vasallaje i sujeción. ¡A tanta batería qué corazón humano, si no fuera peor que el de Faraón, se habían de resistir!”

Padre Miguel de Olivares

Colección de Historiadores de Chile i de documentos relativos a la Historia Nacional. Tomo VII. Historia de la Compañía de Jesús en Chile (1593-1736).

© 2019 ARCHIVO DESASTRE

  • Grey Facebook Icon
  • Gris Icono de Instagram
  • Grey Twitter Icon
  • Grey LinkedIn Icon