La madrugada del domingo 30 de julio de 1995, a las 01:11 horas, un fuerte terremoto se produjo en el norte de Chile, afectando principalmente a la Región de Antofagasta. El sismo, cuyo epicentro se ubicó en el mar, entre la ciudad de Antofagasta y Mejillones, tuvo una magnitud 8, y se sintió con violencia entre las regiones de Tarapacá y Coquimbo, aunque también llegó a percibirse en el sur de Perú y Bolivia.

Las localidades de Tocopilla, Taltal, Mejillones, Socaire y Antofagasta fueron las más afectadas; allí, se produjeron daños en importantes edificios como el Huanchaca y la basílica Corazón de María; en esta última, la imagen de la virgen que se ubicaba en la cúpula, se inclinó totalmente y tuvo luego que ser reemplazada.  

El resto de los daños materiales de la ciudad-puerto no fueron apreciables hasta la mañana siguiente. Sólo con la luz del sol, se pudo ver cómo casas y locales comerciales -con sus fachadas intactas- habían resultado destruidos o altamente dañados por la fuerza del sismo. Cosa similar sucedió en la costa de la región, donde al día siguiente se apreciaron los daños ocasionados por la subida del mar, que alcanzó los casi 3 metros frente a Antofagasta, y que afectó botes y naves locales e inundó caminos.

El llamado "terremoto de Antofagasta" cobró además la vida de tres personas.

A continuación, te dejamos el testimonio de Nicole, quien tenía apenas 8 años cuando ocurrió el terremoto, y quien relata cómo vivió esa noche.

Fecha: 30 de julio 1995

Hora: 01:11 am

Epicentro aproximado: En la costa, entre Antofagasta y Mejillones

Magnitud aproximada: 8

Zonas afectadas: Región de Tarapacá, de Antofagasta, de Coquimbo

Víctimas: 3 fallecidos

testimonios

"Vivíamos frente al mar, entonces eso fue como bien terrible. Yo tenía 8 años, fue a la 1 de la mañana, entonces despertamos con el terremoto, que lo sentimos demasiado fuerte, fue grado 8. Yo fui la primera en despertar de mis hermanos. Mis papás se levantaron rápidamente a buscarnos y nos metieron debajo de la mesa mientras organizaban un par de cosas para meternos al auto, porque estábamos frente al mar y había que arrancar por el riesgo de tsunami... Eso fue muy caótico, con harto pánico, porque mi mamá la tenía mucho miedo a la posibilidad de un tsunami. Ella incluso tenía unos bolsos hechos, los había hecho unos días antes, como que había presentido de que podía pasar. Incluso mi papá estaba en Santiago por pega, y mi mamá le pidió el día anterior que volviera, que sentía que algo iba a pasar, y mi papá volvió antes de lo previsto. Incluso le dijo a los vecinos, que nos preparáramos, que se pusieran de acuerdo… bueno, nadie la pescó. 

Yo me acuerdo haber sentido un terror, un nervio de nunca haber vivido algo así, de haber sentido algo así. Y tengo la imagen de ver cómo se sacudía el departamento; nosotros estábamos en un quinto piso, y se sacudía todo. Después de mucho rato pudimos salir del departamento, porque nos costó mucho, y tengo la sensación de que me tiritaban mucho las piernas. Recuerdo que ahí también se generó un caos porque la reja para sacar los autos del edificio, como se cortó la luz, no funcionaba y había gente que no podía arrancar...

Y yo sentía que nosotros no podíamos irnos y dejar a la gente ahí, y sólo quería irme porque casi que venía la ola… finalmente salimos, yo vomité en el camino de puro susto, y llegamos a un sector que se llama La Negra, que es como un cerro muy solitario, y pasamos la noche ahí. No recuerdo si fue una noche o más, porque hubo muchas réplicas, y mi mamá estaba muy asustada, muy traumatizada… de hecho, fue una de las razones por las que volvimos a vivir a Santiago, porque nunca pudimos recuperarnos mucho de ese día”

Nicole (31 años)

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